Multibancarización y nuevas formas de gestionar servicios financieros
En Latinoamérica, la vida financiera de los usuarios ya se distribuye entre más cuentas, más entidades y más proveedores. Esa realidad abre una nueva oportunidad para Open Finance: conectar información dispersa y convertirla en mejores experiencias.
Una cuenta para recibir ingresos.
Otra para ahorrar.
Una billetera para pagar.
Un neobanco para operar más rápido.
Una app que ofrece crédito, una telco que permite financiar, un marketplace que integra pagos y beneficios.
La vida financiera de las personas ya no ocurre en un solo lugar.
Durante años, la relación con el sistema financiero se construyó alrededor de una entidad principal. Un banco, una cuenta, una tarjeta, una sucursal o una app desde donde se resolvía gran parte de la vida económica cotidiana.
Hoy esa relación es más distribuida.
Los usuarios combinan soluciones. Usan distintos proveedores según el momento, el beneficio, la experiencia o la necesidad. Mantienen una cuenta principal, pero también prueban neobancos, operan con billeteras, pagan desde plataformas no financieras y contratan servicios en entornos que no necesariamente nacieron como bancos.
Ese cambio se ve con especial claridad en Latinoamérica.
La multibancarización continúa siendo especialmente alta en la región. En 2025, Chile alcanza un 76% de personas con servicios contratados en dos o más bancos o neobancos, mientras Brasil y Colombia llegan al 75%. El informe también muestra que Chile pasa del 65% al 76%, rompiendo la estabilidad de años anteriores.

El dato importa porque muestra algo más profundo que la tenencia de productos.
Muestra una forma distinta de gestionar la vida financiera.
En mercados donde bancos y neobancos conviven con fuerza, el usuario empieza a armar su propio mapa: una entidad para una necesidad, otra para resolver un momento específico, otra para acceder a una experiencia más simple, más rápida o más conveniente.
La relación financiera se fragmenta.
Y cuando eso ocurre, también cambia lo que el usuario necesita.
Más cuentas significan más información distribuida.
Más proveedores implican más puntos de contacto.
Más servicios generan más necesidad de orden, conexión y control.
Ahí Open Finance empieza a tener un rol más claro.
No como una conversación abstracta sobre datos, sino como una respuesta a una experiencia que ya está repartida entre múltiples actores.
Latinoamérica supera a Europa en multibancarización general: 61% frente a 48%.

También evidencia que este fenómeno no pertenece únicamente a los usuarios más jóvenes. En Latinoamérica, el 62% de las personas entre 18 y 34 años tiene servicios contratados en dos o más bancos o neobancos; la cifra llega al 61% entre los 35 y 54 años y al 56% entre los mayores de 55.
La multibancarización ya no es solo una señal generacional.
Es un comportamiento instalado.
Los jóvenes pueden adoptar con más rapidez neobancos, fintechs o servicios financieros embebidos, pero las generaciones mayores también están participando de una experiencia financiera más diversa. La diferencia está en cómo se distribuyen esas relaciones y qué tipo de proveedores ganan espacio en cada segmento.
El contexto ayuda a entender por qué.
La banca tradicional sigue siendo el eje central del sistema financiero. En 2025 mantiene niveles de penetración superiores al 85% en todos los países analizados y supera el 94% en Europa. Pero al mismo tiempo, los neobancos siguen creciendo en mercados como México, Argentina, España y Reino Unido. Colombia y Brasil mantienen una presencia especialmente alta en este ecosistema, con tasas de adopción de neobancos de 83,1% y 78,5%, respectivamente.

La banca no desaparece.
Se suma a un ecosistema más amplio.
El usuario no necesariamente reemplaza una entidad por otra. Muchas veces las combina. Mantiene su banco principal, pero usa un neobanco para pagos diarios. Contrata un producto financiero desde un retailer. Paga desde una billetera. Accede a beneficios desde una app que no nació como banco, pero que ya forma parte de su experiencia financiera.
Esa convivencia también se refleja en la multitenencia de cuentas.
En Latinoamérica, salvo Ecuador, México y República Dominicana, en la mayoría de los países casi dos de cada tres personas cuentan con más de una cuenta bancaria. Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú se mueven en niveles especialmente altos. En Europa, en cambio, la proporción de usuarios con múltiples cuentas no supera el 50% en ninguno de los países analizados, con excepción de España y Reino Unido, donde cerca de la mitad de la población dispone de múltiples cuentas en distintas entidades financieras.

La señal es clara.
La vida financiera se expande hacia más actores, más canales y más relaciones.
Pero esa expansión también puede traer fricción.
Gestionar varias cuentas puede significar más posibilidades, pero también más dispersión. Más apps. Más accesos. Más saldos que revisar. Más movimientos que interpretar. Más decisiones tomadas con información repartida en distintas plataformas.
Por eso la multibancarización abre una oportunidad directa para Open Finance.
Cuando los servicios financieros se distribuyen, el valor ya no está solo en ofrecer una cuenta más.
Está en conectar mejor la experiencia completa.
Ver mejor.
Entender mejor.
Decidir mejor.
La agregación financiera aparece como una respuesta natural a este escenario. El informe plantea que la multibancarización en Latinoamérica actúa como un catalizador para la adopción de herramientas de agregación financiera, que alcanzan una penetración de 44,1% en la región, frente al 20,9% en Europa.
Ese será uno de los grandes movimientos de Open Finance.
Pasar de tener información financiera repartida a poder gestionarla de forma más integrada.
Para bancos, fintechs, comercios y nuevos proveedores, esto plantea una tarea concreta: construir experiencias capaces de operar en un ecosistema donde el usuario ya no vive en una sola relación financiera.
La infraestructura tiene que conectar datos, habilitar consentimiento, operar con seguridad y transformar información dispersa en servicios más útiles.
Porque la multibancarización no es solo una foto del comportamiento actual.
Es una señal de lo que viene.
Más actores.
Más datos.
Más puntos de contacto.
Más necesidad de interoperabilidad.
Open Finance empieza a tomar sentido cuando responde a esa realidad.
Cuando permite que la vida financiera, aunque esté distribuida, pueda sentirse más conectada.